Por qué ir a ver “La Vida de los Peces” – Pamela Muñoz

18 06 2010

La vida de los Peces

Por: Pamela Muñoz Vitta

Fotos: Constanza Valderrama

¿Por qué quería ir a ver la película?

“La Vida de los Peces” es la cuarta película de Matías Bize. Que un director joven tenga esa cantidad de filmes a su haber es algo nuevo para nuestra cinematografía actual.

Al entrar a la sala, uno sabe que va a ver un trabajo reflexionado, explorado y evolucionado a partir  de sus películas anteriores: “Sábado”, “En la Cama” y “Lo Bueno de Llorar”.

También me llamaba la atención ver a Santiago Cabrera actuando en una película chilena. Tras haber visto su trabajo en la serie estadounidense “Héroes” y en “Che, el argentino”, di por hecho que si quería participar ahora en este nuevo proyecto de Bize, entonces seguramente se trataba de un guión de gran calidad.

Bárbara Álvarez

Luego supe que la dirección de fotografía la hacía Bárbara Álvarez, quien había desempeñado el mismo rol en “Whisky” (película uruguaya dirigida por  Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella del año 2004), una de mis películas latinoamericanas favoritas y donde el trabajo de esta mujer es realmente notable, ya que uno puede desprender una emoción en cada uno de los encuadres.

En definitiva, iba con muchas expectativas.

¿Por qué debería usted ir a ver la película?

Según las propias palabras de Matías Bize: “La película cuenta la historia de Andrés (Santiago Cabrera), quien vive en Alemania desde hace 10 años y vuelve a Chile a cerrar su mundo chileno”. La película cuenta, en tiempo emocional – real, todo lo que pasa desde que Andrés dice “me tengo que ir” hasta que realmente se va. ¿Qué lo demora 84 minutos? El reencuentro con Beatriz (Blanca Lewin), el amor de su vida, que dejó abandonado en esta parte del mundo una década atrás.

Matías Bize

Mediante esta simple premisa, Bize pone en pantalla temas que son universales. Las relaciones de pareja con sus encuentros, desencuentros y reencuentros, son parte de la vida de cualquier persona. También apela de forma magistral al rol del espectador como cómplice en la construcción de las emociones, ya que los silencios dejan el espacio para que uno construya desde su imaginario los sentimientos de Andrés y de Beatriz, como respiros y aclamaciones.

Las actuaciones están impecables. Es muy satisfactorio ver a Blanca como una actriz madura, con peso en pantalla, que construye profundidades, y a Santiago Cabrera que no me decepcionó y al que, por el contrario, fue un placer ver en pantalla con el poder de manejar la narración sólo mediante miradas, tensiones y pausas.

Todos los elementos cinematográficos están trabajando en la dirección de una tonalidad, de una emoción, que se mantiene los 82 minutos que dura este viaje. Fotografía, sonido y arte construyen un mundo onírico que da sustento a Andrés desde su mundo sentimental, y uno siente a los personajes vivos más allá de los textos explicativos que nos dicen quiénes son.

Los diálogos están estructurados de tal forma que me recordaron “El Secreto de sus Ojos” de Juan José Campanella, donde lo más importante no es lo que se dice, sino aquello que  hay que descifrar en las miradas y en las acciones: No hay nada dicho en voz alta más importante que aquello que no.

Esta perfección en los diálogos hacía que cualquier conversación más clásica me sonara poco fluida, haciendo que en mi cabeza apareciera la imagen del guión con el texto escrito… pero fueron los menos.

Andrés en oportunidades se mueve como un pez por los pasillos de la casa, mientras que en otras no se mueve en absoluto. Uno siente que el joven está haciendo un viaje por su pecera interior, llena de lugares, recuerdos y preguntas.

Para este viaje y estos paseos casi claustrofóbicos tenemos la guía sensorial de la música,  a cargo de Diego Fontecilla, quien también tiene un pequeño rol dentro del filme. Para seguir haciendo uso de la metáfora, para mí la música funciona como el agua de la pecera: los tiempos tanto internos como externos se van dando gracias a este recurso, gracias a este ritmo que se crea en base a la emoción.  (Si quiere escuchar el soundtrack, presione AQUÍ)

Se nota el manejo y conciencia que el director tiene de la existencia del espectador y eso se agradece, porque es fácil tomar a una persona sentada en su butaca y pasearla por una historia, y que al salir de la sala se quede sin nada.

Lo difícil es hacer parte a la audiencia y crear intelectualidades, que el espectador se lleve tarea para la casa, que se quede pensando en sus propias historias o que construya una única a partir de lo que vio.

No piense que con esto digo que quedan cabos sueltos, que no se trate de una película redondita o que sea para personas demasiado intelectualoides. Por el contrario, es una película emocionalmente universal y que llama al público a reflexionar acerca de sí mismo.

Cuando entrevistamos a Matías (número anterior), nos dijo que ésta es su película más grande, y está en lo correcto. También es mi favorita dentro de su obra.

Esperaremos la quinta para ver qué nuevo punto de vista le puede dar al amor y a las relaciones de pareja.


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2 responses

21 06 2010
yessica

me parece que es una pelicula encantadora,que nos lleva a mirar en nuestro interior lo dulce y agraz que tiene la vida en nosotros y en hecho de volver a rencontrarte con esas interogantes o disyuntiva en que te pusiste tu en tu vida.

21 06 2010
cinefiliachile

Así es, Bize se la jugó en esta película.
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